GENTE ROMÁNTICA

¿Hay algo más vital que el amor?

UN SIMPLE JUGUETE DEL AMOR


 
 
 
 

Te  echo mucho de menos.

Sé que estás ahí,

en algún lugar pero

inalcanzable para mí.

Por más que extienda mis

brazos nunca podré ni

siquiera rozarte.

 

Mi oasis en medio del desierto

al que corro presurosa y anhelante

y al llegar se desvanece, no es

más que un espejismo.

 

¡Qué mala jugada del destino!

Ponerte frente a mí,

para luego arrebatarte

y dejarme con esta horrible y

angustiante desesperación.

Con esta sensación de vacío...

de nada...

 

Fuiste agua que corrió entre mis dedos.

Te encontré, te sentí y luego te perdí.

Ahora si ¡ya no más! se acabaron

ilusiones.

Probé  lo dulce y lo amargo a la vez.

Murieron esperanzas, se enterró para

siempre el amor.

 

Nuevamente la soledad hace presa de mí.

Me arrebata todo, me deja sin nada, sin

nadie.

 

Mi destino ya estaba marcado.

Solo se reafirma y me convence de que así

debe ser todo, que yo vagaré sola por el

mundo, sin puerto fijo y sin timón.

 

Este dolor de amarte ¿acaso tendrá

un feliz final?

Si por las noches me despierto y te

busco ¿aparecerás y me calmarás?

Cuando en mis sueños te vea ¿vendrás

por mí y me tomarás?

Esta terrible angustia ¿cuándo acabará?

 

Si pudiera dibujar el futuro tú estarías

en él y yo viviría a tu lado.

 

Las ilusiones, pompas de jabón

crecen, se elevan y luego desaparecen.

Mi corazón se ha quedado prendidito de ti

y por más que haga no se quiere despegar.

 

Algún día me recordarás y una sonrisa

se dibujará en tus labios.

Quiero que ese recuerdo sea dulce y cariñoso.

Cuando de repente el pasado regrese y

me veas ahí donde me quedaré suspendida

en el tiempo y el espacio para ti.

Cuando en cualquier instante aparezca en tu mente

mira al horizonte y exhala un profundo suspiro,

lánzalo al aire para que lo lleve hasta mi y se

transforme en una suave brisa que me recorra

completa.

 

Me resisto a ser ayer.

Quiero ser presente,

pero será inevitable

volverme pasado.

¡Cuánto te estoy amando!

¡Cuánto te estoy sintiendo!

Quiero olvidarte pero no puedo.

Quiero arrancarte pero es imposible.

Estoy tan sensible,

a corazón abierto, pequeñita.

 

Un cúmulo de sensaciones me hace llorar.

Ayer, mientras el agua caía sobre mi cuerpo,

mis ojos abrieron sus fuentes, me quebré y una

mezcla de frío y calor recorría mi rostro.

Un sabor salado y amargo rozaba mis labios.

Dije tu nombre una y mil veces y lloré...lloré...

sin control como una niña indefensa. Tirada

en un rincón solitario, desnuda, mojada,

abstraída del mundo, en carne viva, vulnerable.

Con una terrible sensación de abandono y la

más angustiante de las soledades.

 

No tengo voluntad.

Soy  una marioneta manejada

por los hilos del amor.

Una hoja que vuela movida

por el viento, sin poner la más

mínima resistencia...a la deriva...

sin rumbo...sin norte...sin dirección...

 

Aquí estoy otra vez.

Contradiciéndome.

Echando por tierra mi fortaleza,

mi firmeza, mis promesas.

 

Soy un juguete del destino.

Una muñeca de trapo, sin voluntad.

El duendecillo amor se apoderó de mí,

me tiene en sus manos y juega conmigo

a su antojo.

¿Dónde está la mujer segura de sí misma?

¿Dónde quedó esa firmeza de palabra?

¿Cómo pudo suceder?

¿Cómo encontró ese punto vulnerable, ese

talón de Aquiles?

¿Cómo me descuidé?

¡Y qué caro estoy pagando ese descuido!

 

Promesas rotas por el suelo

como frágiles cristales se hicieron añicos.

Llegó el amor, fuerte huracán, que arrasó

todo a su paso, no hubo nada que se lo

impidiera.

Yo que me había jurado no volverlo a sentir.

No pude más me venció.

Caí rendida, agotada, sin fuerzas.

Di batalla pero fue imposible vencerle.

Hace de mi lo que quiere.

Soy un guiñapo en sus manos.

¡Qué impotencia Dios!

 

Yo, que no quería flaquear e inundarte

de palabras que no encontrarán respuesta

alguna, que irán lanzadas al aire y

volarán sin control.

Yo, que debía luchar contra la terrible tentación

de que mis cartas echaran alas y volaran a

tus manos.

 

Cuando te escribo

mi carga se vuelve liviana.

Es el mejor anestésico para mi dolor.

A mi angustia le llega la calma.

Mi corazón late más despacio.

Mi sangre arde menos.

Mi mente se descarga.

Mi impotencia, se resigna.

Mi frustración, merma.

Mi rabia, se controla.

Mis deseos se tranquilizan.

Mi objetividad aparece.

Mi sensatez, me despeja.

La tromba de sentimientos encuentra su escape

en esas páginas extensas e interminables,

en las que voy dibujando mi destino y

trazando la línea de mi vida.

 

Si no te escribo me siento atada,

me asfixio y

me mata la angustia.

Las palabras se me atragantan

y me oprimen

el pecho.

No me digas nada,

no me respondas nada,

calla... el silencio dice mucho...

 

Blanca Guevara 

TE NECESITO


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Sobre la necesidad de tener a alguien con quien compartir...

LA FUERZA DEL AMOR


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El Amor rompe distancias y fronteras...

NOSTALGIA DE AMOR


 

Las lágrimas limpian el alma

y hacía tanto tiempo que no lloraba

por nostalgias de romanticismos y amores

imposibles que creo me sienta hasta bien.

Salen sin control, con cierto grado

de dolor, de resignación, de impotencia,

de imposibilidad... Pero no las detengo,

ni las quiero detener, que sigan su curso,

que sigan brotando hasta más no poder,

hasta que derrame la última por este motivo.

 

Blanca Guevara

 

YO NO TE PIDO


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Slide con música de Pablo Milanés sobre un poema de Mario Benedetti.

AMISTAD EN LA LEJANÍA


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Así debió quedar...

LA CANCIÓN DESESPERADA

 
 
 
 
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. 
El río anuda al mar su lamento obstinado.

Abandonado como los muelles en el alba. 
Es la hora de partir, oh abandonado!

Sobre mi corazón llueven frías corolas. 
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

En ti se acumularon las guerras y los vuelos. 
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

Todo te lo tragaste, como la lejanía. 
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

Era la alegre hora del asalto y el beso. 
La hora del estupor que ardía como un faro.

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, 
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

En la infancia de niebla mi alma alada y herida. 
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. 
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

Hice retroceder la muralla de sombra, 
anduve más allá del deseo y del acto.

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, 
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura, 
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas, 
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. 
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme 
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, 
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, 
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros, 
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo 
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina. 
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo, 
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh sentina de escombros, en ti todo caía, 
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste 
de pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. 
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

Pálido buzo ciego, desventurado hondero, 
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Es la hora de partir, la dura y fría hora 
que la noche sujeta a todo horario.

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. 
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

Abandonado como los muelles en el alba. 
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. 

Es la hora de partir. Oh abandonado! 
 
Pablo Neruda (1904 - 1973)

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